Capitulo 1
El Niño
Milo era un joven solitario
de 18 años. Vivía con su madre en una casa desvencijada que de un momento a
otro se desplomaría contra el suelo. Su vida era monótona y corriente, nada
extraordinario le sucedía. No tenía novia, ni amigos, ni conocidos. No confiaba
en nadie.
Una tarde salió a caminar
para despejar su mente de todo pensamiento y disfrutar de la compañía de la
música.
Mientras caminaba por las
solitarias callejuelas de la ciudad, el joven sintió un escalofrió que bajó
desde su cuello por la columna vertebral hasta su cóccix. Sin dudarlo dio media
vuelta sobre sus talones y corrió en dirección a su casa.
Cuando llegó, vio como un
humo negro que escapaba por las ventanas
de la segunda planta. Sin dudarlo un segundo entró a su casa y se apresuró a
buscar a su madre. Recorrió cada
habitación, cada rincón, cada centímetro de la primera planta sin tener suerte.
Subió al primer piso y cubriéndose la boca con la manga de su buzo comenzó a
entrar en las habitaciones mientras comenzaba a derramar lágrimas.
Cuando entró al cuarto de su
madre Milo se quedo quieto, llevó las manos a su cara, y gritó un largo rato.
Luego cayó de rodillas al piso y su voz se perdió en su garganta. No podía
creer lo que sus ojos habían visto. Su madre yacía muerta en su cama. Quien haya
sido el asesino tenía la mente muy perversa, ya que había cercenado la cabeza
de la mujer, amputado sus brazos y roto sus piernas.
El joven posó su pie sobre el
suelo y sin dudarlo o temblar se incorporó. Dio media vuelta, y tras salir de
la habitación cerró la puerta. Corrió hacia la ventana que daba al patio y la
abrió. Alzó su cuerpo sobre la misma y se dispuso a zambullirse contra el
suelo. Pero cuando estaba a punto de saltar, el fuego llegó a un medidor de gas
y la explosión lo impulsó a través de la ventana hacia el patio.
Cuando al fin volvió en si,
se vio rodeado de luces, y en un cuarto blanco. Con una única ventana, justo
frente a él, la cual tenía cortinas verdes.
Desesperado comenzó a
revolear su mirada a uno y otro lado, intentando dilucidar donde se encontraba.
Un grito estremeció al
hospital en su totalidad, y un grupo de enfermeras se apresuró al cuarto donde
se encontraba un joven con quemaduras de segundo grado, cortes en la espalda, y
un enorme golpe en la cabeza.
“¿Qué pasó?” pregunto una de
las enfermeras, mientras se acercaba lentamente al joven que se hallaba dándole
la espalda.
“Mamá” dijo Milo, mientras
comenzaba a pararse lentamente.
“No, no podés pararte. Estás
muy lastimado, vas a tener que quedarte tres días más como mínimo” Dijo la
enfermera mientras posaba su mano en el hombro de Milo.
“¡MAAAMAAAAAAÁ!” gritó el
joven. Al hacerlo, la enfermera que había puesto su mano en el hombro del joven
la quitó inmediatamente, mientras se la soplaba debido a que se había quemado.
Milo se paró, arrancó las
agujas de los sueros, y sin meditarlo dos veces corrió hacía la ventana y saltó
a través de ella.
La verdad es increíble y mientras lo leía pensaba en que sería genial también si se lo mostraras a Lluch, creo que le gustaría mucho ver todo tu progreso y tu evolución en cuanto a la forma de redactar y demás.
ResponderEliminarRealmente desde que te conozco y he tenido oportunidad de leer algo de tu autoría se podía apreciar lo bueno que eras en esto, pero a medida que va pasando el tiempo es sorprendente como cada vez se vuelve mejor, no sé si era posible pero así es.
A mí personalmente me gustó muchísimo, y te aliento a que sigas con esto y que sigas compartiéndolo así tenemos la oportunidad de apreciarlo!!!.
Te quiero Eze. Vick.
Tenés que hacer un cuento sobre una mina...
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